Locos por la Pesca

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Río Cidacos

Cándido Sevilla

Todo pescador es profeta en su tierra y por supuesto, intento dar al lector de esta página, una información lo más completa y fidedigna, de las distintas zonas de pesca por las que nos movemos en La Rioja. Este es el motivo por el que Cándido nos va a dar una visión del río Cidacos, desde el marco de la experiencia y la observación del medio. Debemos saber que este río sufre una fuerte desecación y que en esta cuenca está proyectado un pantano, cuyas obras (por un motivo u otro), se van interrumpiendo repetidas veces. Esperemos que todos se pongan de acuerdo y veamos el Cidacos y su entorno en perfectas condiciones.
Cándido Sevilla: Subiendo por la carretera de Calahorra a Garray (que en alguna parte coincide con la antigua vía romana, que comunicaba Calagurris con la meseta ), notamos un cambio del paisaje al salir del túnel de Arnedillo y pasar el puente sobre el Cidacos. Se cierra el valle, se acaba la roca arenisca parda y empiezan las paredes cortadas entre rocas duras, que tienen todas las gamas de gris. También se nota en el río, pues al tener el lecho con la roca muy superficial y pocas filtraciones, suele mantener agua en verano. En este punto, puede empezar a salir alguna trucha en nuestro anzuelo.
Nada más pasar por debajo del puente ( estamos ya en el río ) podemos probar fortuna en un pequeño pozo, que se forma al chocar el agua contra la pared de roca, inmediatamente debajo de la carretera que sale de Préjano.
Debajo del puente nuevo hay una pequeña presa de la que sale una acequia, que movía un molino convertido ahora en hotel.

Hay dos bonitos pozos debajo de la antigua cantera ( que suministraba piedra a la azucarera de Calahorra ), hoy convertida en área de descanso, más bien diría yo, en aparcamiento de Arnedillo, que está aquí al lado. Estos pozos tenían fama de dar los mejores barbitos, perdón cachuelos, de todo el río. Una torre de vigilancia del desfiladero, dependencia del castillo que está en la cima de esta montaña, nos contempla como pescamos.

Vista desde el puente de Arnedo.Vista desde el puente de Arnedo.

El río a su paso por el pueblo, ha sido "civilizado", es decir estropeado sin remedio, bajo el punto de vista del pescador.

Al terminar de pasar el pueblo está el balneario de Arnedillo, uno de los más famosos y completos de España.
Pequeños pozitos vamos pasando, río arriba, hasta que llegamos a la desembocadura del barranco del Badillo, donde en la curva que hace el río al chocar el agua forma un hermoso pozo, que siempre ha tenido pesca y que a veces ha llegado a unos dos metros y medio de profundidad, cosa inusual en este río. A menos de 50 metros tenemos un pequeño pozo a la izquierda, donde es fácil que cojamos alguna de las truchas que han subido del pozo de Badillo.

Vista desde el puente Arnedo-Arnedillo.

Una larga recta con poca pendiente, sin piedras grandes, nos lleva al pozo de Navalcazo. Bastante grande, redondo, con poca defensa para las truchas y, como curiosidad, el último sitio en que se han visto huellas de nutria.
Ahora viene un trozo de río que lo he pescado muy pocas veces, lo recuerdo bastante llano, sin pozos grandes y poco rentable.
Debajo de las ruinas de la fábrica de los Mendiolas hay tres pozos seguidos, el segundo de ellos es el mejor y también, el más difícil de pescar, siendo poco profundo y con ramas fuera y dentro del río.

Sigue un trozo recto, con bastante corriente y piedras grandes (bonito para la pesca). Llegamos al pozo de la presa de la fábrica de los Mendiolas , profundo, con buen refugio y fácil de pesca.
Casi inmediatamente de abandonar este pozo, pasamos por debajo del puente de piedra de Peroblasco, aunque es mejor pasar por encima, pues es desde la margen derecha donde deberemos pescar.

Un pozo largo, poco profundo, pegado a la roca y paralelo a ella, es uno de los más cómodos y agradables de pescar. Muy pocos metros nos separan de otro pozo donde el río hace otra vez ángulo al chocar contra la peña; muchas veces hemos sacado una trucha al final del pozo y otra en la entrada.
Recta larga en el río, sin pozos, hasta casi encontrarnos con el viejo camino, que saliendo del barranco de Barandano, pasaba por un puente de tablas que acortaba el camino a Peroblasco a los que bajaban de Munilla.

Hablo en pasado porque el camino hace años que está perdido. Antes de llegar al paraje donde estaba el destartalado puente de tablas, hay tres pocitos muy buenos. En el mismo sitio donde se encontraba el puente ( aún queda un pilar de apoyo ) hay un bonito pozo donde antes de poblar de truchas el río, se pescaban muy bien los barbos de montaña, en otros ríos mal llamados cachuelos ( pues es un barbo, no un cacho ), llegando muy excepcionalmente a los 200 gramos y que en la zona se llamaban simplemente peces.

Vista desde el puente Arnedo-Arnedillo.

Hace unos cuarenta años, un celoso cabo, comandante del puesto de la guardia civil de Enciso, denunció a varios pescadores por pescar barbos de menos de 22 cm. De longitud. Yo fui a Logroño a ver al ingeniero jefe de (¿ cómo se llamaba antes de llamarse ICONA ?) protestando por llamarse la misma especie de peces, cachuelos en el Iregua y barbos en el Cidacos. Fui escuchado y no hubo más denuncias.

En el sitio donde el perdido camino llegaba al río, había un viejo molino. En la pared de su terreno de piedras sin argamasa, tienen un buen refugio las truchas y es un lugar perfecto para que el avezado pescador pueda capturar un buen ejemplar.
Entre gruesas piedras pasa el agua formando pequeños pocitos, donde se cogen con facilidad truchas de no gran tamaño, que están atentas a los insectos que caen de detrás de la peña.

El río forma dos pozos poco profundos y con bastante corriente al chocar contra la dura peña. No son malos en sus cabeceras.
Tenemos necesariamente que cruzar el río, pues no podemos trepar por la roca vertical y debemos volver hasta el antiguo camino de Peroblasco.
Debajo de las ruinas de una pequeña venta, " el ventorro " se ha llamado siempre, hay dos pozos anchos, largos y poco profundos, conocidos como " los pozos del ventorro " , que suelen dar al pescador alguna trucha pequeña.

Río Cidacos, aguas debajo de Arnedillo.

Sigue un trozo corto muy bueno, con piedras grandes y pocitos pequeños, donde es fácil que los principiantes puedan pescar algo.
Después y bajo un puente metálico, nos encontramos uno de los pozos más fructíferos. Este puente lleva a lo que fue una de las tantas antiguas fábricas, que en los años cuarenta fue convertida (después de muchos años parada) en lavadero de lana.

En la cola de este alargado pozo siempre hay alguna trucha dispuesta a picar. La cautela en la aproximación al río, en estas claras aguas y más bien escasas, es fundamental para terminar el lance con éxito. La cabecera de esta bonita poza es profunda y es aquí, donde pescando con cebo poco lastrado, lo lleva la corriente en remolino al sitio justo donde está la trucha grande esperando su comida.

Dos pozos entre piedras muy grandes y con el agua encajonada entre ellas, separan éste de la desembocadura del Manzanares, pequeño río que viene de Monte Real y pasa por Munilla. A principios de primavera y con bastante agua, se puede pescar alguna trucha de las que suben por él, pero en verano se secan muchos de sus tramos.

Puente de Peroblasco

Pasando de la desembocadura del Manzanares, llegamos a un pozo muy alargado que hace muchos años gozaba de buena profundidad. Es conocido como el pozo de "las pilastras", por los dos centinelas que tiene a sus costados, los pilares que sostenían un puente de tablas. Con mucha suerte quizá cojamos alguna en la cabecera.
Tras un corto trozo con fuerte desnivel y pozas pequeñas llegamos a la siguiente curva, donde un pozo no demasiado grande que se acomoda a la pared de roca, nos puede brindar algún ejemplar pequeño, a tono con el pozo.
Ya hemos llegado a la presa de la que sale la acequia que llevaba agua a la vieja fábrica de paños. Los dos pozos comunicados que se forman debajo son muy buenos. Si las truchas no se asustan demasiado con la primera captura, podemos coger alguna más.

La presa se rellenó hace muchos años y encima de ella el río no tiene profundidad, ni ofrece defensa para las truchas. Sigamos adelante.

En este tramo del Cidacos estaban, si no las fábricas de paños completas, sí las que necesitaban fuerza motriz (dada por los pequeños saltos de agua) y agua también para los batanes, los tintes y el lavado de los paños; aunque la hilatura y el tejido se hiciesen en Munilla. Me estoy refiriendo a los siglos XVIII y XIX, ya que a finales de éste, ya había en Munilla máquinas de vapor.

Remontamos unos 100 metros de recta con poca pendiente y encontramos tres pozos medianos que dan paso a otro excelente pozo debajo de otra presa, entre las grandes piedras que la coronan, pasan los chorros que caen al pozo. Es una delicia hacer salir de allí a la trucha que se estaba duchando.
La presa forma un pozo largo y plano, que en su margen izquierda tiene una tapia, (de otra fábrica de paños) entre cuyas piedras encuentran refugio nuestras amigas pintonas. Debemos tener cuidado al acercarnos, que las truchas aquí son muy recelosas.

Hay dos pequeños pozos con corriente bastante viva y maleza en su margen izquierda que son difíciles de pescar.
Tenemos que vadear el río con mucha dificultad, el agua pasa a la margen derecha a un pozo de poca corriente, donde suele haber alguna truchita.

Hasta aquí hemos llegado con la primera parte del río Cidacos, esperando que sea una información y una lectura del agrado de todos.

Balneario de ArnedilloArnedillo
Puente de Arnedillo

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