Para catar un vino blanco hay que acostumbrarse a apreciar una delicada gama de aromas. En la boca dominan dos factores: la acidez y el conjunto alcohol – azucar.
La vista
Un vino blanco debe ser limpio y resplandeciente. Su limpidez puede juzgarse con facilidad mediante iluminación lateral, y se describirá con adjetivos como: turbio, velado, borroso, opalescente, transparente, limpio o brillante. Algunos blancos desprenden una ligera cantidad de gas carbónico que se traduce en vinos de “aguja”.
El disco debe presentar brillo, con partículas flotantes.Se dirá entonces que es: luminosos, resplandeciente, brillante, chispeante o tornasolado. Si uno no es asi se dirá que es: apagado o mate.
La intensidad colorante depende de las capas y de los modos de prensado y de vinificación. La tonalidad de los vinos blancos va desde el amarillo limón, verdoso o pajizo si es jóven, hasta un dorado, topacio o caoba conforme avanza su edad.
El olfato
El vino blanco ante todo debe ser aromático. La intensidad de nariz se describirá desde: débila a intenso, de discreto a desarrollado, de moderado a con “bouquet” (Para evr los aromas de los vinos blancos , mirar el cuadro al respecto del capítulo anterior).
El gusto
La cata de un vino blanco se analiza siguiendo dos ejes: la acidez y la dulzura proporcionada por el alcohol o el azucar residual. La acidez aporta el frescor y el gas carbónico refuerza esta sensación hablaremos que el vino es: vivo, nervioso o fresco.
Si tiene mucha acidez, el vino se describirá como: verde, duro, mordiente o rígido.
La falta de acidez hará que el vino sea: plano, blando, sin relieve.
El vino rosado es el gran ignorado por la gente y el más menospreciado por los “entendidos”, sin embrago existen auténticos vinos rosados que imponen un estilo y una personalidad.
La vista
En primer lugar se observerá la intensidad que debe corresponder al tipo. Una intensidad débil según la denominación puede ser cualidad o defecto. Una intensidad excesivamente elevada puede inducir a error.
Además de lalimpiez y el brillo, que deberán ser igual a las del vino blanco, se debe definir la tonalidad.
Existe una completa gama de rosas, desde el gris pálido al rosa pálido, rosa franco, cereza, frambuesa, fresa, rosa viejo, rosa anaranjado, albaricoque, salmón, ladrillo, rojizo y piel de cebolla.
El olfato
Un rosado debe ser aromático. A pesar de su relativa simplicidad, su encanto residirá en su paleta de olores:
Serie floral: flor de azahar, flor de melocotón, flor de viña, rosa, tilo, iris, violeta, clavel, retama, flores secas.
Serie frutal: cereza roja, grosella, granada, almendra fresca, fresa, frambuesa, grosella negra, albaricoque, melocotón, pera, manzana, cítricos, lichi, piña, plátano, o hogo fresco.
Serie vegetal: hoja de grosella negra, pimiento.
Serie fermentada: levadura, caramelo ácido.
El gusto
Un rosado debe ser refrescante. La calidad del "ataque" debe ser franco y acromático.
El componente ácido será perceptible pero equilibrado. La falta de acidez lo convertirá en anodino y pesado. Un rosado con demasiada acidez será verde y chirriante. La acidez justa le hará resaltar todo su carácter frutal. La cualidad aromática en boca constituye el atractivo del rosado donde se detectará su intensidad y persistencia.