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El sabor dulce se percibe en la punta de
la lengua; el ácido, en los laterales y debajo; el
salado, en los bordes y no en la superficie central; y el
amargo, en la zona posterior de la lengua.
Cuando se cata un vino se debe tomar un
pequeño sorbo y mantenerlo en la boca el tiempo suficiente
para que, mediante agitaciones entre las mejillas y el paladar,
la lengua capte los distintos sabores. Se debe aspirar un
poco de aire, que oxigenará el vino en la boca.
Se distinguen cuatro fases:
Ataque. Dura de 2 a 3 segundos.
Predominan los sabores dulces.
Evolución o paso de boca.
Dura de 4 a 10 segundos. Predominan los sabores ácidos,
salados y amargos.
Impresión final. Dura
5 segundos o más. En ella prevalecen los sabores ácidos
y amargos.
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Reacción
de los ácidos en la boca
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Tartárico: corto en la boca
- Nálico:
intensa reacción sobre las papilas
gustativas. Da sabor verde o vegetal.
- Cítrico:
Largo en la boca.
- Sucínico:
la primera impresión es salada y
la segunda finaliza con un punto amargo.
- Acético:
sabe a vinagre picado.
- Sulfuroso:
sólo es detectable en cata en contenidos
de 30 mg/l o superior.
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Postgusto. La cata no finaliza
al tragar o escupir el vino. La cavidad bucal, la faringe
y las fosas nasales se quedan impregnadas por el vino y sus
vapores, que impresionan el gusto y el olfato. La persistencia
de estas sensaciones es utilizada también para definir
la clase y la calidad del vino, por eso se habla de vinos
cortos y largos en boca.
(Sitúe el ratón encima
de las distintas zonas de la superficie de la lengua para
ver a que sabor pertenece)
Sabor
dulce
Los responsables del sabor dulce del
vino son los azúcares residuales, el alcohol y la
glicerina.
Sabor
ácido
Los responsables del sabor ácido
son los ácidos orgánicos libres. Los ácidos
juegan un importante papel en el sabor del vino. Así,
se dice que un vino es alegre, vivo, con nervio o fresco
cuando tiene cierta acidez. A medida que el vino envejece,
los ácidos van disminuyendo.
Un exceso de sabor ácido irrita
ligeramente las mucosas internas con sensación picante.
El sabor ácido correcto debe dar
sensación de frescura y la impresión de afrutado.
El sabor ácido excesivo da la
impresión de verdor y agresividad.
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Los
sabores del vino provocan reacciones sensoriales
en tiempos diferentes y , una vez ya en
la boca del catador, pueden variar y evolucionar
de forma diferente.
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Sabor
salado
El vino tiene entre su composición
sustancias con sabor salado, entre ellas, la propia sal
común que se utiliza en la cocina.
Este tipo de compuestos puede ser, en
ciertos casos, un factor de calidad positivo o negativo
para el vino.
Sabor
amargo
Su presencia es más normal y más
influyente que las sustancias saladas. Según su contenido,
aporta al vino un sabor amargo ligero que propicia vinos
agradables y de calidad, o un sabor excesivo que afecta
negativamente al vino.
El sabor amargo lo producen especialmente los polifenoles
del vino. Tanto la variedad de la uva como el sistema de
elaboración tienen incidencia en el sabor amargo.
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Algunos
términos para referirse al sabor
del vino son:
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Acidoso
Acorchado
Afrutado
Agradable
Aguja, con
Amargo
Aristas, con
Áspero
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Astringente
Aterciopelado
Avinagrado
Cabezón
Cálido
Carnoso
Corto
Cuerpo, con |
Dúctil
Dulce
Duro
Equilibrado
Franco
Fresco
Frío |
Joven
largo
Ligero
Madera, con
Maderizado
Muerto
Oxidado |
Pasado
Plano
Rancio
Redondo
Sabroso
Seco
Vacío
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El sabor dulce es el que se percibe más
rápidamente, nada más entrar en contacto con
la lengua, pero su sensación dura muy poco tiempo.
Los sabores salados y ácidos también se reconocen
de una manera más o menos rápida, pero su
duración en el tiempo es mayor que el dulce. Por
último, el sabor amargo es lento en su desarrollo
y se mantiene más tiempo en la boca, incluso después
de ingerir el vino.
Nada más beber el vino, la primera
impresión que se percibe es la vinosidad y las sensaciones
dulces y melosas. Pero rápidamente se produce una
modificación de los sabores que dependerá
del nivel de dominación de unos sabores sobre otros.
Los vinos blancos y tintos jóvenes,
sobre todo, proporcionan una primera impresión muy
agradable, que puede variar inmediatamente hacia una sensación
de frescura ácida.
Los vinos tintos también pueden
ser nobles y sabrosos debido a su elaboración con
uvas maduras de calidad que no han permanecido mucho tiempo
en contacto con la madera, pero han tenido una gran evolución
en la botella.
Es característico de los buenos vinos tintos su suave
retrogusto amargo y su discreta astringencia.
Se considera un buen vino aquél en el que no sobresale
ningún sabor específico, sino que está
equilibrado en su conjunto, dejando un paladar aromático
y agradable que se prolonga en el tiempo.
Con la colaboración de:
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