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Tras su paso por la barrica de roble, los
vinos son sometidos a una segunda crianza, ya en la botella
en la que será presentada al consumidor.
Las botellas se almacenan en botelleros
oscuros en posición horizontal para que el vino esté
en contacto con el corcho y éste cierre herméticamente
la botella para evitar contaminaciones. En las mejores condiciones
de temperatura y humedad, el vino termina de pulirse y elimina
sus aristas.
Modificaciones
del color
En la botella varían los matices
y la intensidad colorante del vino. En los tintos aparecen
tonos rubí y teja; y en los blancos, amarillos intensos,
dorados y colores ámbar.
Modificaciones
del aroma
Se atenúan los aromas primarios
(varietales) y secundarios (fermentativos), que se van integrando
en el vino junto al olor procedente de la madera hasta hacerse
prácticamente inapreciables. Aparece el bouquet característico
de crianza.
Modificaciones
del gusto
El vino pierde aspereza, amargor, verdor
y carácter herbáceo. Se disimulan sus aristas
hasta volverse más aterciopelado, suave y redondo en
boca.
Con la colaboración de:
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