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Excepto para la vinificación de
vinos espumosos, el proceso se inicia con el estrujado de
la uva blanca para separar mejor el zumo, aumentar el rendimiento
del prensado y obtener de una manera rápida el mosto
para que fermente espontáneamente o mediante la utilización
de levaduras seleccionadas.
La vendimia estrujada se somete a un escurrido, para obtener
la mayor cantidad de mosto yema -el de mejor calidad- y conseguir
un prensado más rápido.
La pasta escurrida se lleva a la prensa, donde se obtienen
mostos con numerosas materias sólidas en suspensión
que se separarán inicialmente del líquido mediante
una decantación -por su propia gravedad- para lo que
hay que retrasar la fermentación unas 24 horas.
Una vez limpio el mosto de materias sólidas
se trasiega a otro depósito donde tendrá lugar
la fermentación a una temperatura controlada (15-20
ºC) para obtener vinos con equilibrio entre los aromas
primarios (los característicos de cada variedad de
uva) y los secundarios o fermentativos (afrutado y aromas
frutales). La fermentación de los vinos blancos dura
entre 10 y 15 días. Después es necesario realizar
un trasiego de limpieza -pasar el vino a un nuevo depósito-
para separarlo cuanto antes de las levaduras y otras materias,
y evitar así la aparición de aromas y sabores
desagradables.
Para eliminar definitivamente todos los
elementos sólidos en suspensión que pueden enturbiar
el vino se somete, por último, al vino a un proceso
de clarificación, filtración y estabilización,
con lo que adquiere un aspecto limpio y brillante y se estabiliza
en el tiempo.
Con la colaboración de:
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